
Durante mucho tiempo se creyó que el liderazgo era patrimonio de la juventud: energía, innovación, velocidad. Pero hoy, en un mundo donde la experiencia se ha vuelto el activo más valioso, está emergiendo un nuevo paradigma: el liderazgo maduro.
Reinventarse después de los 50 es una decisión estratégica. Es comprender que los años no te restan competitividad, sino que te otorgan perspectiva, templanza y una inteligencia emocional que solo se adquiere viviendo.
Las nuevas generaciones buscan personas que hayan enfrentado tormentas y aún así elijan seguir construyendo. Es ahí donde el liderazgo maduro brilla: en la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
En mi experiencia acompañando equipos de distintas generaciones y países, descubrí que la combinación entre la sabiduría de lo recorrido y la apertura al aprendizaje digital crea una fuerza imparable. Juntas, forman un liderazgo que inspira, guía y transforma.
Por eso, a quienes sienten que su tiempo pasó, quiero decirles algo: su tiempo recién empieza. Porque liderar significa ser quien mejor sabe escuchar, conectar y enseñar a otros.
Reinventarse, después de los 50, es el mejor ejemplo de liderazgo que se puede dar.
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